lunes, 2 de junio de 2014

ARTÍCULO 5


ROMANCES CAROLINGIOS



Los romances carolingios son poemas de el emperador Carlo Magno, la batalla de Ronces valles y el héroe Francotirador. Los romances del ciclo bretón derivan su tema de las leyendas artúricas (Ring Arthur anda te Round Table): el rey Artes o Arturo, la reina Ginebra (Guindare). Tristán, Lanza rote (Lancelot),Parsifal. Están basados en los cantares de gesta franceses, en la poesía épica y la épica medieval.

El Sueño de doña Alda es un romance épico y corresponde al ciclo carolingio, es decir, se narran sucesos con Carlo Magno y sus conquistas. tienen una procedencia francesa. Los romances de este ciclo, se caracterizan por el mayor lirismo y la aparición de diferentes elementos fantásticos.

El romance que comentamos se ambienta en la época de conquistas de Carlo Magno (SIGLO.VIII), concretamente cuando éste es derrotado al proponerse conquistar Zaragoza. El prometido y amante de la protagonista del romance, Roldan, muere en la lucha y el romance los sitúa en el momento en el que Alda sufre un sueño de alto contenido

simbólico donde se augura la desgracia.
Como mencionaba anteriormente un antecedente también fue la batalla de Ronces valles que tuvo lugar el 15 de agosto de 778, posiblemente en Volcarlas, en las proximidades del desfiladero de Ronces valles del Pirineo de Navarra, en la que la-retaguardia del ejército de Carlo Magno mandada por Roldan fue diezmada en una emboscada efectuada por vascones, como tesis más probable.

Imperio carolingio lo utilizaban para referirse a un período de la historia europea derivado de la política de los reyes francos, Pi pino y Carlo Magno, que supuso un intento de recuperación en los ámbitos
políticos, religioso y cultural de la época medieval en Europa occidental, por lo que se le considera un antecedente histórico de estos bellos poemas.

ROMANCE DE DOÑA ALDA

El de doña Alda es un romance carolingio, es decir, basado en un cantar de gesta francés, en concreto en el «Cantar de Roldan» (poema épico del siglo XI, probablemente), que narra la batalla de Ronces valles, en la que muere el valeroso caballero sobrino de Carlo Magno. A este episodio, uno de los fragmentos más significativos del gran cantar épico francés, hace alusión este romance (composición, como el cantar de gesta, de transmisión oral) se caracteriza por la aparición del elemento maravilloso en el sueño de doña Alda, esposa de Roldan.


ROMANCE DE DOÑA ALDA


En París está doña Alda
la esposa de don Roldan,
trescientas damas con ella
para bien la acompañar:
todas visten un vestido,
todas calzan un calzar,
todas comen a una mesa,
todas comían de un pan,
sino era sola doña Alda,
que era la mayoral.
Las ciento hilaban oro,
las ciento tejen cendal,
las ciento instrumentos
[tañen,
para doña Alda holgar.
Al son de los instrumentos
doña Alda adormido se ha:
ensoñado había un sueño,
un sueño de gran pesar.
Recordó despavorida
y con un pavor muy grande,
los gritos daba tan grandes
que se oían en la ciudad.
Allí hablaron sus doncellas,
bien oiréis lo que dirán:
-¿Qué es aquesto, mi
[señora?
¿quién es el que os hizo
[mal?
-Un sueño soñé,
[doncellas,
que me ha dado gran pesar;
que me veía en un monte
en un desierto lugar:
de so los montes muy altos
un azor vi de volar,
tras de él viene una aguililla
que lo ahinca muy mal.
El azor con grande cuita,
metió se so mi brial;
el águila con grande ira
de allí lo iba a sacar;
con las uñas lo despluma,
con el pico lo deshaz.
Allí habló su camarera,
bien oiréis lo que dirá:
-Aqueste sueño, señora,
bien os lo entiendo soltar;
el azor es vuestro esposo,
que viene de allen la mar;
el águila sedes vos,
con la cual ha de casar,
y aquel monte es la iglesia
donde os han de velar.
-Si así es, mi camarera,
bien te lo entiendo pagar.
Otro día de mañana
cartas de fuera le traen;
tintas venían de dentro,
de fuera escritas con
[sangre,
que su Roldan era muerto
en la caza de Ronces valles. 
 
 

ARTÍCULO 4


ROMANCES HISTÓRICOS



En el «Prólogo» a sus Romances históricos de 1841 explicaba el Duque de Rivas los orígenes, desarrollo y decadencia del romance castellano, y qué le decidió a escribir y dar a la imprenta los suyos propios.

No parece que intuyera la relación entre el octosílabo asonantado y el metro de los cantares de gesta ni que tampoco hiciera distinciones entre los romances viejos y los artísticos posteriores. Explicaba luego cómo floreció el romance con el Renacimiento y con qué entusiasmo lo dieron por suyo los poetas y dramaturgos del Siglo de Oro y del Barroco.

Su misma popularidad y eufonía le entregaron «al brazo seglar de los meros versificadores y de los copleros vergonzantes», y de este modo se desacreditó. A pesar de los elogios de Luzán y aunque Meléndez Valdés escribiera romances, desde entonces tan sólo se ha escrito «alguno que otro» y hasta un texto contemporáneo, cuyo título Rivas no da, pero al que alude de manera inconfundible; decía del romance que «aunque venga a escribirle el mismo Apolo no le puede quitar ni la medida, ni el corte, ni el ritmo, ni el aire, ni el sonsonete de jácara»1.

Para Saavedra, los romances «son tan vigorosos en la expresión y en los pensamientos, que nos encanta su lectura; encontrando en ellos nuestra verdadera poesía castiza, original y robusta» y para ilustrarlo cita varios de Góngora, Quevedo, Calderón, de quien siempre gustó mucho, y algunos otros incluidos en el Romancero de Duran. Concluye insistiendo en que el romance,

tan a propósito... para la narración y la descripción, para expresar los pensamientos filosóficos y para el diálogo, debe, sobre todo, campear en la poesía histórica, en la relación de los sucesos memorables.


Lo que se proponía el poeta al dar a la imprenta esta colección era revalorizar el romance,

volverlo a su primer objeto y a su primitivo vigor y enérgica sencillez, sin olvidar los adelantos del lenguaje, del gusto y de la filosofía, y aprovechándose de todos los atavíos con que nuestros buenos ingenios lo han engalanado...


Estas ideas no eran nuevas en él, pues ya en la «Advertencia de los editores», colocada entre El moro expósito y las demás composiciones, en la edición de París de 1834 loaba, por boca de Salva, al romance, «género de poesía peculiar de nuestra nación»; arremetía contra aquellos críticos que confundían romances con jácaras y tonadillas (Hermoséala, naturalmente); mantenía que los temas de interés eran abundantes en la historia nacional, más cercana a nuestras costumbres y creencias que la extranjera o la mitología; y animaba también a los jóvenes a escribir «no por recuerdos, sino por inspiración y de consiguiente con originalidad», esto es, sin tener ya en cuenta preceptivas.
 

ARTÍCULO 3


CLASE DE ROMANCES


Las clases de romances más generalizada se elabora en función de su temática. Según ésta, las clases de romances son:
  • Romances históricos. Relatan acontecimientos de corte histórico o legendario, como el Cid o Bernardo del Carpio.
  • Romances carolingios. Basados en los cantares de gesta franceses, como La batalla de Ronces valles o Carlo Magno.
  • Romances fronterizos. Relatan hechos acaecidos durante la Reconquista en el frente o la frontera con los moros
  • Romances novelescos. De gran variedad temática, se centran en el folclore español.
  • Romances líricos. Romances en los que predomina la expresión de aspectos líricos como los sentimientos o emociones. Dos ejemplos son Romance del Prisionero o La Despedida.
  • Romances épicos. Se centran en las hazañas de héroes históricos.
  • Romances vulgares o de ciegos. Narran hazañas de bandoleros, crímenes horrendos o milagros.
El romance es una de las expresiones más características de la tradición literaria española, y su importancia trascendió las fronteras de la península para enamorar a estudiosos de todo el mundo.
Un buen ejemplo es el Proyecto sobre el Romancero Pan-Hispánico, una base de datos bibliográfica sobre el romancero elaborada por la Universidad de Washington.


ARTICULO 1



EL ROMANCE Y LA POESÍA

El término romance suele utilizarse, en la actual teoría de la literatura, para hacer referencia a un relato extenso de ficción, normalmente en prosa, que se diferencia de la novela porque presenta un mundo imaginario en el que los personajes y situaciones pertenecen a la esfera de lo maravilloso y lo insólito.

La palabra romance es un anglicismo, por lo que es frecuente verla escrita entrecomillada o en cursiva en la literatura especializada. En su acepción antes descrita, el uso de este término es muy reciente en castellano, que tradicionalmente se ha referido con la palabra "romance" a un tipo de poema de tradición oral. Sin embargo, a partir de las últimas décadas del siglo XX, su uso es frecuente en las disciplinas de historia y teoría de la literatura para designar el tipo de narraciones denominadas en inglés romances, especialmente los géneros siguientes, desarrollados en la Edad Media y el Renacimiento: libro de caballerías, novela sentimental, novela pastoril y novela bizantina.

Uno de los principales defensores de la adopción de este anglicismo para designar a este tipo de ficciones que no pueden ser propiamente denominadas novelas es Fernando Gómez Redondo,1 quien establece cuatro tipos diferentes de romance en prosa:
  • Romances de materia historiográfica.
  • Romances de materia caballeresca.
  • Romances de materia literaria.
  • Romances de materia sentimental.





lunes, 19 de mayo de 2014

ARTICULO 2




CARACTERÍSTICAS DEL ROMANCE



Un romance consta de grupos de versos de ocho sílabas (octosílabos) en los que los pares riman en asonante. Los más antiguos pueden añadir para completar la rima la llamada -e paragógica y asimismo no poseen división estrófica; los más modernos agrupan los versos de cuatro en cuatro y no suelen recurrir a este artificio. Todos los romances viejos son anónimos y son influidos en gran manera por la religión, la guerra y el amor.
Se diferencian de las baladas europeas en preferir el realismo a lo fantástico y en poseer un carácter dramático más marcado. Su estilo se caracteriza por ciertas repeticiones de sintagmas en función rítmica (Río verde, río verde), por un uso algo libre de los tiempos verbales, por la abundancia de variantes (los textos varían y se contaminan entre sí, se «modernizan» o terminan de distinto modo a causa de su transmisión oral) y por el frecuente corte brusco al final, que en las mejores ocasiones aporta un gran misterio al poema.
Su estructura es variada: algunos cuentan una historia desde el principio hasta el final; otros son sólo la escena más dramática de una historia que consta de varios romances. Entre estos ciclos de romances destacan los consagrados a las historias del Cid y de Bernardo del Carpio.
Los temas son históricos, legendarios, novelescos, líricos... Algunos servían para publicitar las hazañas de la reconquista de Granada: son los llamados romances noticieros. La vitalidad del Romancero español fue enorme; no sólo perdura en la tradición popular transmitiéndose oralmente hasta la actualidad, sino que inspiró muchas comedias del teatro clásico español del Siglo de Oro y, a través de este, del europeo (por ejemplo, Las mocedades del Cid de Guillén de Castro inspiró Le Cid, de Pierre Corneille). La misma existencia del Romancero nuevo es prueba de ello.